¿Qué es la Huella Ecológica?

La huella ecológica es un indicador y una herramienta para determinar el grado de impacto que ha generado la sociedad en el medio ambiente, y de esta manera conocer cuanto espacio terrestre y marino se necesita para producir los recursos que consumimos y la superficie para absorber los desechos que se generan. Este concepto fue propuesto por William Rees y Malthis Wackernagel en 1996.

Por tanto estamos hablando de la superficie total y ecologicamente productiva para producir los recursos consumidos por una persona, asi como la necesaria para absorber los residuos que genera sin importar su localización.

La huella ecológica de cada ser humano es de 2.7 hectáreas. Sin embargo, nuestro planeta tan sólo es capaz de otorgar a cada uno de sus habitantes cerca de 1.8 hectáreas (WWF2012).  Esta diferencia indica  que cada uno de nosotros utiliza más espacio para cubrir sus necesidades de lo que el planeta puede darnos.

Las actividades que más han repercutido en el crecimiento de la huella ecológica mundial son la quema de combustibles fósiles, la agricultura y la ganadería.

Ante este panorama, es importante el uso sustentable de los recursos naturales y del medio ambiente mundial del planeta, entre otras muchas acciones.

 

 

Ejemplo:

Para entenderlo, piensa en la manzana que tiene en su maleta o, mejor, en el huevo que se comió en la mañana. Lo más seguro, probablemente piense, es que estos dos productos no tengan ningún impacto sobre el medio ambiente. Los restos de manzana son orgánicos que se podrán convertir en abono y aunque la gallina tuvo un gasto energético biológico para poner el huevo, no necesitó de ningún estímulo eléctrico para producirlo. Hasta ahí, se podría decir que esos dos productos son completamente amigables con el medio ambiente.

Sin embargo, si miramos un escenario más amplio –la cadena–, nos daremos cuenta de que ambos, por mínimo, representaron un gasto de agua o de energía no renovable. Para llegar a usted, la manzana fue transportada en un camión que necesita gasolina, empaquetada en una caja de cartón que no sabemos si será reciclada y lavada con agua potable para asegurarse de que llegue limpia a su consumidor. El huevo, además de lo anterior, necesitó de la gallina, que a su vez requiere de una temperatura regulada para poner huevos y, por ende, implica un gasto energético.

Estos ejemplos evidencian la importancia de considerar toda la cadena de valor de un producto. Un cambio de pensamiento que han empezado a tener las empresas, ya que anteriormente solo se enfocaban en reducir y gestionar la energía y el flujo de materiales que se daba dentro de sus cuatro paredes

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